Deuda cumplida con la música
¿Tienen ustedes algún músico favorito?
De esos que, sin importar qué pieza toquen, pueden reconocer al instante, casi como si les hablara.
Esa música que se vuelve tan familiar que uno la identifica como la voz de un viejo amigo.
Para mí, uno de esos músicos es Ludovico Einaudi.
Hay algo en su obra que va más allá de las notas: comparte sentimientos, pensamientos… pedazos de alma. No es la primera vez que visita México, pero sí fue la primera que tuve la fortuna de escucharlo en vivo.
La primera vez que vino, la indecisión me ganó y terminé sin ir a su concierto. Así que este año se volvió casi una deuda personal conmigo mismo.
Desde el momento en que anunciaron su presentación, podrán imaginar quién compró sus boletos en los primeros días —sí, yo.
Y valió cada segundo.
La experiencia fue mágica. La música no solo contaba historias, sino que las luces, los colores, todo parecía dialogar con el alma del público. En cada pieza melancólica uno no podía evitar preguntarse si Einaudi ya había sanado aquello que lo inspiró, o si todavía lo acompañaba.
Si tienen oportunidad de escucharlo, háganlo. Entenderán de qué hablo.
Les dejo algunas fotos de este concierto inolvidable. Y de un elote preparado delicioso que como buen mexicano comi para cerrar una noche increible.




