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El cerebro y sus pequeñas traiciones

No es sorpresa que, teniendo uno de los cerebros más complejos del reino animal, este nos juegue de vez en cuando alguna que otra broma (no siempre de buen gusto). Y no, no hablo del clásico espejismo de un oasis de agua a mitad de la carretera o del desierto, ese engaño que de manera casi cruel te invita a seguir caminando, cansándote más, deshidratándote todavía más y acumulando alucinaciones visuales. Ese truco, si bien es famoso y en algún punto mortal, no es el único.
La realidad es que cada uno de nuestros sentidos tiene su propio repertorio de bromas.

¿Alguna vez, estando tranquilamente en tu sala viendo una película, has sentido que una parte de tu piel se moja como si alguien te hubiera salpicado con agua? ¿Estando completamente en un interior? Quiero enfatizar eso.
Bueno, no estás loco.

Esta pequeña travesura se llama parestesia: una alteración de la sensibilidad. Suele aparecer cuando estamos muy cansados, deshidratados o estresados. Es, básicamente, un mensajito de tu cuerpo pidiéndote que te tomes cinco minutos de descanso real.

Pero la cosa puede ponerse todavía más rara… y, de alguna manera, esa es la razón de este post.

Este fin de semana, una amiga tuvo su novatada con las bromas de los sentidos. Yo, que ya soy cliente frecuente, me limité a reflexionar.
Ella me contó que lo que se suponía sería una tarde tranquila de películas terminó siendo una de las experiencias más aterradoras de su vida. Es una ávida consumidora de garnachas y botanas ;ya se imaginarán el escenario, así que su plan incluía varias de ellas como acompañamiento obligado frente a la televisión.

El problema vino cuando, al darle una mordida a una galleta salada, de esas que normalmente se usan para mariscos… le supo a chocolate.

La incongruencia fue tal que terminó llorando en el baño, aterrada ante la posibilidad de haber perdido la razón. Evidentemente, ya no comió nada el resto de la noche. Y es que estas bromas son tan reales que cuestionar tu propia cordura se vuelve casi inevitable cuando te ocurre por primera vez.

Yo, por mi parte, solo pude explicarle que ya era cliente de estas experiencias y que, unas semanas atrás, había vivido algo muy similar: morder una zanahoria que, inexplicablemente, sabía a cocada.

¿Has tenido alguna experiencia así?
¿Qué otras bromas de tus sentidos conoces?

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