El Arte de no Hacer NADA
Hoy en día estamos muy interesados en que todo el tiempo se esté haciendo algo. Hacer una sola actividad es satanizado (dado que con tantas herramientas digitales supuestamente podemos hacer mucho más de una osa a la vez) y ni se diga tener un rato donde no se hace nada en el día. La normalidad es interactuar y estar disponibles las 24 horas, o al menos casi las 24 horas. Eso nos ha hecho olvidar que también en momentos no deberíamos hacer nada.
Este planteamiento viene a raíz de que un amigo me preguntó si yo era alguien enfocado, alguien que podía concentrarse por largos ratos en una sola actividad.
La respuesta corta fue “Si!”, pero esa respuesta corta vino acompañada de un “Argumente su respuesta”, que fue la siguiente; ha sido un proceso(uno largo, muy muy largo), y la clave de este proceso ha sido aprender a no hacer nada por periodos largos de tiempo, enfocándote en no resolver nada, no pensar en nada en específico, no revisar nada, ni estimularse por nada(música, libros, comida, etc.).
Al no hacer nada le das nuevamente esa capacidad a tu mente de poder estar en un punto sin necesidad de pensar en términos de productividad o de presencia digital.
Así que cuando llega el momento de volver a una actividad y requerir concentración, aprendes a intercalar esa única actividad que requiere concentración con lapsos de no hacer nada, al fin, después de todo la nada ya no es un lugar insípido o de ansiedad, este palacio llamado “Nada” se ha convertido en una postal entretenida de ver, gracias a esos ejercicios de no hacer nada por prolongados ratos.
Y con esto me llega una más de esas paradojas de la vida que tanta curiosidad me causan siempre. Si entrenamos nuestra mente para no hacer nada, entonces estamos listo para hacerlo todo por periodos prolongados de tiempo, aumentando esa tan alabada “productividad” que se busca 24/7 en nuestro sistema capitalista.
Espero un día nos organicemos miles o millones de personas para no hacer nada juntos y ver como el mundo sigue girando.
