Cuando el cuerpo habla antes que la mente
Aunque esta semana fue ciertamente retadora —entre compromisos, trabajo y otros asuntos— no quiero quitarme este espacio en el que puedo despejarme y compartirles cosas que van y vienen en mi cabeza.
Esta vez me gustaría compartirles una idea que me pareció de lo más razonable: la intuición es, de hecho, la aplicación correcta de nuestros siete sentidos: vista, tacto, oído, olfato, gusto, propiocepción y nuestro sentido vestibular.
Hoy quiero hacer hincapié en la propiocepción, la capacidad que tiene nuestro cerebro de leer —sin ver— nuestro propio lenguaje corporal. Estoy francamente fascinado con este sentido en particular porque me recuerda lo increíble que es nuestro cuerpo.
Para ilustrar cómo funciona este sentido en la vida diaria, pensemos en el siguiente ejemplo: sales de campamento, estás acomodando tu tienda y tus víveres, y de entre las bolsas aparece una serpiente de colores vibrantes. Mientras organizas las cosas, la llegas a tocar y luego, por sus colores, la ves claramente. En ese instante tu cuerpo toma el control, no tu cerebro.
No piensas en milésimas de segundo: “¡Oh no, una serpiente venenosa! Esos colores brillantes significan peligro, está cerca de mi mano y una mordida podría mandarme a urgencias por sus toxinas”. No. Lo que realmente sucede es un respingo inmediato que te hace alejarte de ahí sin pensarlo. Ya después llegará el razonamiento… pero SIEMPRE después. El cuerpo siente de inmediato; la mente procesa a su tiempo.
Por eso hay “sensaciones” que aparecen sin que tengan, aparentemente, ningún sentido. Es tu cuerpo leyendo algo que no le cuadra, algo que no le permite sentirse seguro, algo que todavía no has identificado de manera consciente. ¿Te has sentido incómod@ al lado de alguien que no conoces, sin razón aparente? Ese es este sentido trabajando para ti.
Y es que, como en la novela Doctor Sueño, nuestra cabeza es una biblioteca de experiencias. Cada una está grabada en nosotros. Aunque no recordemos todas nuestras vivencias, tenemos acceso a ellas todo el tiempo—consciente o inconscientemente. Y el cuerpo nunca olvida lo que ya vivió, lo que ya aprendió, aunque nosotros no seamos (o no queramos ser) conscientes. Nuestro cuerpo, sí o sí, sabe y recuerda todo lo necesario para mantenerse seguro.
¿Y tú? Qué tan familiarizad@ estás con tu intuición? ¿En qué momentos te ha salvado?
